¿Cómo sobrevivir a un gran salto?

El Satori del cambio

Mario se define como un tío “bastante normal”. Desde hace casi 10 años trabaja como administrativo en una empresa. No le gusta su trabajo pero hoy en día “¿a quién le gusta su trabajo?” Le permite pagar su casa, su coche, el seguro de su coche y “tal y como están las cosas…”.

A pesar de que nadie lo ha notado y en general todo el mundo lo considera un tío simpático, Mario se siente profundamente solo. Hace casi un año que apenas tiene vida social, exactamente el mismo tiempo en el que necesita un par de copas antes de acostarse, sólo para “dejar de darle vueltas a todo”. Piensa que su trabajo “no le deja tiempo para nada” y empieza a sentirse irritado con prácticamente todo el mundo.

Aunque intuye que “algo no va bien”, Mario no sabe cómo hacer para cambiar las cosas.

Un día, exactamente un jueves las 07:45 de la mañana, se ha mirado en el espejo y le ha bastado un segundo para decidir que “su vida no puede seguir así”.

Han pasado seis meses, desde entonces Mario ha empezado a comer mejor y hacer ejercicio.

Al principio resultó complicado, de hecho, a veces su cabeza se llena de preocupación como antes y no se considera capaz de seguir avanzando, pero el caso es que “sus pequeños cambios”, así los llama el, le hacen sentirse fuerte. Sale más, se siente atractivo y hasta se ha planteado dejar su trabajo para tal vez “hacer algo distinto”, “algo que le haga feliz”. En fin, es sólo una idea… aún no le ha dado muchas vueltas, tampoco se lo ha contado a nadie, pero el caso es que por fin, desde hace mucho tiempo, ha dejado de centrarse en “lo mal que va todo” para imaginar “lo bien que podría ir”.

El día exacto, porque las cosas no suceden sin más, Mario ha conocido a Lea. Lea es una chica diferente, o por lo menos parece mirarle de manera diferente. Es simpática, muy simpática. Hoy tienen su primera cita, han quedado a las 20:00 en una cafetería “con ese algo especial del barrio gótico de Barcelona”. Todo parece ir viento en popa, o por lo menos eso parece… 

Mario, ha salido un poco antes del curro y ha aprovechado para pasarse un momento por el supermercado y comprar un botella de whisky, y es que a pesar de que lleva seis meses sin beber, una copa “le va a venir bien” para sentirse “más cómodo” en su cita con Lea. Hoy, a diferencia de las últimas semanas no ha ido a entrenar, se siente muy cansado, nervioso e irritable.

El reloj marca las 20:00 en la sala de estar de Mario, que ha puesto la tele más alto de lo normal, se ha servido una copa y ha decidido que “no quiere pensar”, quiere “dejar de sentir”, encontarse a salvo de todos los pensamientos y emociones que parecen haber tomado el control de su mente. El teléfono no para de sonar y Mario se dice a sí mismo que “hoy no es un buen día” para su cita con Lea.

***

Nuestras células sufren millones de transformaciones a lo largo del día ¿Sabías que en menos de un año una persona renueva el 98 por ciento de los átomos de todo su cuerpo? Aproximadamente cada mes fabricamos una nueva piel, cada tres meses un nuevo esqueleto y tardamos en renovar por completo nuestro ADN unas seis semanas. Somos básicamente energía reciclada, materia en constante cambio.

A pesar de que continuamente estamos transformándonos, en un nivel profundo de conciencia experimentamos los cambios de manera intermitente como saltos, momentos de inflexión que nos devuelven una imagen distinta del mundo.

Para los indús, Satori, los budistas hablan de iluminación y los gestálticos acuñan el concepto de insight pero el caso es que este “salto de conciencia” común a todos los seres humanos habla de un momento de cambio, de comprensión, que nos impulsa a habitar lugares nuevos de conciencia.

Este salto de conciencia, que a veces parece llegar por casualidad pero que no es sino la suma de cambios que se concretan en un momento concreto, puede ser recibido con una fiesta de bienvenida o por el contrario seguido de un miedo atroz que nos inunda de emociones, nos paraliza y nos coloca en una situación de aparente retroceso.

La historia de Mario refleja esos momentos de transición donde la vida nos conduce a transformarnos, a saltar, a zambullirnos hacia lo desconocido.

¿Por qué si el cambio es una parte tan importante de nuestra naturaleza nos cuesta tanto transitar hacia lugares nuevos? ¿Cómo podemos ser capaces de dar un buen salto? 

  • ENTENDER LA NATURALEZA DEL CAMBIO

Si alguna vez has atravesado una enfermedad o sufrido una gran pérdida, te habrás dado cuenta de cómo tras el impacto inicial… aparece una especie de esta fase de iluminación, esto que algunos denominan como “guiño puntual de la verdadera naturaleza de la existencia”.

Pasamos de estar dormidos para conectarnos con el verdadero ritmo de la vida. Recuperamos una vitalidad que ni siquiera recordábamos tener, de pronto nuestros objetivos parecen más claros que nunca y las dudas desaparecen de nuestra mente. Comenzamos a atravesar el cambio, sin temor y sin estar aferrados a nada.

Este tipo de experiencias parece arrancarnos ese velo que tapa nuestra forma de vivir el mundo pero al cabo del tiempo… parece olvidársenos de nuevo.

Ser conscientes cada día de que nada es fijo, de que todo está continuamente evolucionando y transformándose nos da una visión distinta de cómo funcionan las cosas.

Para un segundo e imagina dónde estabas hace 7 años ¿Cuáles eran tus sueños? ¿En qué se ha transformado tu manera de ver el mundo? Probablemente en este tiempo has amado, has emprendido nuevos proyectos o has conocido a gente distinta.. si no lo has hecho… tal vez hoy puede ser un buen día para empezar a hacerlo

Al igual que las flores nacen en primavera y los árboles pierden sus hojas antes de que el invierno llegue, la naturaleza del mundo es cambiante y tú perteneces a esa misma naturaleza. Puedes resistirte a cambiar pero por mucho que lo intentes tú eres parte de todo esto.

  • SOSTENER EL CAMBIO

Aunque desde pequeños nos enseñan el valor del esfuerzo, del éxito y de conseguir un resultado, normalmente no nos enseñan a aceptar y sostener por ejemplo, la tristeza, el enfado, la frustración o el miedo.

Este tipo de emociones o sentimientos, que no son ni buenos ni malos, simplemente son parte de nosotros, se convierten en una constante fuente de malestar y rechazo y cuando llegan intentamos evitarlos a toda costa.

Algo curioso es que la energía que provoca este tipo de emociones es tan poderosa que crea precisamente lo que se teme. A veces entramos en bucles en donde continuamente atraemos y rechazamos aquello que más miedo nos da, como una gran ola que nos arrastra una y otra vez mar adentro sin ser capaces de llegar a alcanzar la orilla.

¿El desenlace…? construimos corazas tan perfectas que nos volvemos insensibles ante la vida o fugamos hacia hábitos o pensamientos que poco a poco van destrozándonos por dentro.

Mario es un ejemplo de cómo, ante la ansiedad que despierta en nosotros enfrentarnos a una situación nueva, nos refugiamos en esos viejos conocidos (adicciones, pensamientos,..) que aunque se alejan bastante del tipo de vida ideal que queremos experimentar, sí nos hacen sentir protegidos, seguros, anestesiados,..

Sostener el cambio tiene que ver con la decisión de estar y no de resolver. Aceptar aquellas emociones que forman parte de nosotros y aprender a convivir con ellas.

Eso no significa que debamos pasarnos la vida sufriendo ni tumbados en la cama ante los reveses del destino. Sostener el cambio es una forma nueva de estar más activos que nunca, tal vez no de la manera que nos han enseñado, pero si absolutamente sumergidos en el presente.

Convivir con aquellos sentimientos o emociones de los que llevamos tiempo escapando, sin fugar hacia la preocupación, la culpa o nuestros propios mecanismos de autosabotaje, es una verdadera forma de valentía. Nos permite transcender nuestra zona de confort, dejar de controlarlo todo y empezar a aceptarnos, confiar en nuestra verdadera esencia, en nuestra personal forma de sostener el cambio.

  • EL APEGO

Otro paso importante para atravesar saltos con soltura y sin miedo es identificar aquello a lo que nos aferramos, a lo que nos apegamos y que nos resta libertad. 

¿Qué pone límites a tus saltos?

El apego no tiene sólo que ver con aquello que tememos perder, que nos atemoriza perder cuando pensamos que las cosas pueden cambiar, también habla de la forma en la que nos aferramos a nuestros sueños.

Cuando nuestros sueños y objetivos se convierten en un objeto de apego, nos desconectamos de lo que nos hace verdaderamente especiales y pasamos a identificarnos con la forma, con una parte mínima de lo que ya somos.

Dejamos de estar en el presente y rechazamos el cambio porque no estamos abiertos a que ocurra algo distinto a lo que deseamos que ocurra, comenzamos a caminar a oscuras, alejándonos cada vez más de nosotros mismos.

Y ¿Cómo nos desapegamos de nuestros sueños? Confiando en que vendrán, y vendrán de la mejor forma posible. Con cada pequeño gesto o decisión, cuando estamos verdaderamente conectados con nosotros mismos los estamos llamando, estamos reflejándolos en el mundo.

Si no es así puede que hayamos empezado a aferrarnos a los sueños de otros y por mucho que lleguen jamás nos harán felices del todo porque no estarán contando tu historia, estarán contando la historia de otro.

Pregúntate ¿En qué grado hablan de ti tus sueños y cómo de apegado estas a ellos? ¿A qué te aferras y qué te resta libertad para saltar?

VISUALIZA EL SALTO PERFECTO

No apegarnos a nuestros sueños no significa que no podamos crear aquello que deseamos tener en nuestra vida. Crearlo con la flexibilidad necesaria para ser capaces de adaptarnos a lo que está ocurriendo a nuestro al rededor.

El cerebro humano sólo necesita una intención clara para que todo un complejo entramado de neuronas y neurotransmisores comiencen a adaptarse al cambio que queremos producir en nuestra vida.

Visualizar sin apego al resultado y sin presentar resistencia al cambio es hacer posible que cosas aparentemente imposibles sucedan.

¿Qué límites te pones a ti mismo? Si te preguntas cómo es posible que una bellota sea capaz de convertirse en un gran roble o una pequeña semilla pueda atravesar una gran roca probablemente no encuentres una respuesta lógica.

¿Sabías que una libélula puede llegar a pasar cinco años en estado de larva y en cuestión de 20 minutos desplegar sus alas convirtiéndose en uno de de los insectos más rápidos y sorprendentes del reino animal?

 

El mundo es una gran reserva que puede abastecernos de todo aquello que deseamos si estamos abiertos a estar continuamente transformándonos. Enfoca tu pensamiento en quien te gustaría ser, acepta quién eres hoy y comienza a producir en tu vida el cambio que está esperando producirse..

Recuerda…

  1. ¡Prepárate para el salto!… ¿Sabias que de los aproximadamente 60.000 pensamientos que tiene una persona al día, al rededor del 95 por ciento son los mismos que tuvo el día anterior? Si haces las cosas siempre de la misma forma el resultado será siempre el mismo. Si quieres estar abierto al cambio, atrévete hoy a hacer las cosas de forma distinta. 

  2. Conéctate con el presente. Si estás entrando y saliendo entre el pasado y el futuro, la vida se manifiesta como un esfuerzo continuo. Pon atención a lo que haces y en cómo lo haces y el premio será la vitalidad y la confianza necesaria para “dar el salto”. 

  3. Comprometeté con el cambio y acepta las emociones no como buenas o malas sino simplemente como parte de ti y de lo que estás viviendo ahora ¡No juzgues tus emociones, vívelas! 

  4. No le des demasiada importancia a las cosas.. Cuando nos damos cuenta de que no necesitamos poner tanto esfuerzo en cada cosa que hacemos algo se relaja dentro de nosotros mismos. Un niño no se plantea en saltar, ¡simplemente, salta! 

  5. Visualiza el lugar en el que quieres encontrarte. No desde la razón sino desde el corazón, viaja al centro de ti mismo..

  6. Y salta…

 

Álvaro Cea – Actor, Psicólogo y Coaching

 

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